MINITECA VENMAN:
Inicios
y Trayectoria...
La
idea nacio a partir de dos amigos con el deseo de hacer algo muy
diferente, llamativo y entretenido para el publico.
En el ano 2000 Ricardo Martinez y Ronald
Zaconet emprendieron la dificil tarea de aprender el arte
de mezclar musica como Disc Jockeys (DJs)
en la ciudad de Charlotte, Carolina del Norte E.E.U.U, la
idea era simplemente crear una pequena empresa proporcionando la
Musica y el DJ para cualquier tipo de evento o fiesta, asi nacio
MUSICMAN (DJs, Sonido e Iluminacion), los dos
jovenes amigos y empresarios comenzaron recopilando la mayor
cantidad de canciones posibles para poder asi tener una extensa
seleccion en musica y satisfacer el gusto del cliente, tratando de
mantenerse al dia con la musica mas pedida y los exitos del momento
tambien.
El comienzo fue duro y complicado, los dos jovenes tenian un
conocimiento previo a lo que hacian debido a que ya habian trabajado
en esto en sus paises de origen pero al tratarse de un nuevo pais en
donde la variedad cultural es extensa y amplia sus experiencias eran
cortas y sus conocimientos eran casi nulos. Un ano despues de
emprender el proyecto uno de los socios decide separarse y explorar
otros campos asi que MUSICMAN (DJs, Sonido e Iluminacion)
quedo a cargo de Ricardo Martinez que continuo trabajando y
ampliando sus conocimientos en el campo de las fiestas y eventos,
tras transcurrir otro ano en donde hubieron momentos buenos y
momentos malos, un dia por accidente conoce a Hector
Villalobos quien junto con su socio Abel
dirigian VENMEX (DJ,s & Musical Entertainment),
ambos comenzaron una amistad y una buena relacion de trabajo
colaborandose mutuamente en eventos importantes.
Con el tiempo Abel antiguo socio de Hector
decidio moverse a otra
cuidad por motivos laborales dejando a
Hector encargado de VENMEX
(DJ,s & Musical Entertainment), el tiempo transcurria y la
amistad entre Ricardo y Hector se hacia mas fuerte, fue cuando ambos
decidieron seriamente
unir fuerzas debido a que solos de manera independiente no estaban
en la capacidad de hacer crecer a sus respectivas companias de
entretenimiento, desde ese momento nacio la MINITECA
VENMAN con el deseo de hacer algo
muy diferente, llamativo y entretenido para el publico, la idea ha
sido siempre ser unicos con un concepto nuevo en DJs, Sonido e
Iluminacion para eventos y espectaculos.
El termino MINITECA que deriva de la palabra
Discoteca y significa Discoteca movil, Sonido e iluminacion
a limites extremos, y
VENMAN una combinacion entre VENMEX
y MUSICMAN. El termino
MINITECA hace recordar a esas dicotecas moviles de los anos
80 y 90 y que en la actualidad existen en los paises de Espana,
Venezuela, Mexico (llamados sonideros) y Colombia por mencionar
algunos.
Fundada en el 2004, la Miniteca VENMAN
ha participado en eventos
reconocidos en la Cuidad de Charlotte y continua en la
tratectoria a la superacion, actualmente cuenta con la capacidad de
desarrollar eventos masivos y equipos de tecnologia de avanzada,
Maestros de ceremonias, payasos y DJs calificados, Sonido e
Iluminacion para eventos muchas cosas mas para hacer de tu evento
algo inolvidable y adaptable a tus necesidades...
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Historia de las MINITECAS & DISPLAYS
Hace 40
años, la escena juvenil venezolana fue testigo de la transición de
las discotecas a las
MINITECAS. No se trataba sólo de artefactos
electroacústicos, sino de un movimiento autóctono, y muy
rentable,que fue representativo del feliz sentir nacional. En 2005,
cuando se vive el apogeo de los djs que pinchan discos para
estrictas minorías, es inevitable recordar a sus antecesores.
"Dancing with myself", de Billy Idol.
"El jardinero", de Wilfrido Vargas. "Whip It", de Devo. "Big in
Japan", de Alphaville. "El baile del mono", de la orquesta de Porfi
Jiménez. "Tarzan boy", de Baltimora, y "All night long", de Lionel
Ritchie. Son sólo algunos de los hits bailables que definieron una
época. Auténticos himnos del disco que amenizaron los anónimos
momentos de alegría de asiduos a las verbenas escolares, las
patinatas decembrinas o las memorables fiestas de 15 años de una
época de opulencia y derroche que definitivamente no volverá. Sin
embargo, y en curioso contraste con lo acontecido en el resto de los
países de Latinoamérica, en Venezuela no fue desde los grandes
salones de baile ni sobre los suelos multicolores de las glamourosas
discotecas urbanas que varias de estas canciones se popularizaron,
sino a través de unos extraños artilugios itinerantes del sonido y
el entretenimiento llamados -nadie sabe por quién ni desde
cuándo-MINITECAS.
Durante los últimos años de la década de los 70,
el advenimiento del disco music sin duda reinventó la escena
nocturna universal. En aquel momento, el crecimiento y la expansión
de la economía venezolana parecían un hecho irreversible. La heroica
nacionalización del petróleo y los pasos cada vez más firmes -y
saltarines- de aquel Pérez patilludo y ye-yé, eran el retrato
perfecto de la prosperidad. Había ganas de festejarlo; olor a
barranco.
La apertura de la discoteca City Hall en el
recién estrenado CCCT y la inmediata competencia de La Lechuga, en
la avenida Libertador, fueron definitivamente los templos de la
noche que pusieron a bailar disco music a los caraqueños. En aquel
momento, nadie imaginó lo que estaba por venir.
Fósil disco. "Se
pusieron de moda las famosas picotadas, que no eran otra cosa que
una reunión de amigos con una picó (pick-up)". El locutor veterano
Enrique Hofmann, quien a finales de los 70 formaba parte del popular
staff juvenil de Radio Capital, rememora los orígenes de la fiebre
del disco en Venezuela. "Yo diría que la primera vez que escuché
hablar de minitecas fue como en 1975".
De aquellas primeras minitecas o mobile sound -como también se les
mentaba-, llamaba particularmente la atención la ingeniosa idea que
tuvo un visionario del sonido ambulante, que construyó una carreta,
a imagen y semejanza de las diligencias del lejano Oeste, con un
equipo básico de amplificación en su interior, circundado por varias
torres de barriles de whisky que servían de soporte para las
cornetas. Ocurrencia que por absurda le valió al anónimo creador de
La Caravana -como se llamaba aquel prospecto de miniteca- una súbita
y rentable popularidad en cierto circuito de las fiestas de Los
Chaguaramos, Bello Monte y El Paraíso.
"Entonces Radio Capital decidió organizar la primera guerra de
MINITECAS en el Poliedro de Caracas, en 1978, como parte de la
celebración de la pro-graduación del liceo San Agustín", señala
Hofmann.
Sobre la base de la experimentación y el deslumbramiento por la
novedad, el caprichoso espectáculo atrajo a las primeras
MINITECAS
que existían en Venezuela: T-Conecction y
Explosion de Caracas,
Soul
Train de Maracibo, Lechuga´s People, Gipsy y muchas otras que
hicieron gala de su inventiva e improvisación para llevar a cabo un
evento que supuestamente hacía alarde de la nueva era de la música,
pero cuyos artífices contaban con escasos recursos técnicos y una
profunda ignorancia sobre aquello que tiempo después llamarían
sonido e iluminación profesional. No obstante, la primera guerra de
MINITECAS fue un suceso nacional.
"En Radio Capital creamos un espacio donde las
MINITECAS enviaban
sus cassettes de música mezclada", el también locutor y animador
Marco Antonio "Musiuíto" Lacavalerie, quien cuenta con una dilatada
trayectoria en el medio juvenil venezolano, recuerda que para la
segunda "guerra" organizada en 1979 por el equipo de Radio Capital,
se precisaron varios aspectos técnicos: "Establecimos un mínimo de
10 a 15 mezclas por cada 15 minutos para las
MINITECAS, y se
exigieron también los tips de identificación que luego se hicieron
muy solicitados".
Con un concurrido público de 10.000 personas, el espectáculo fue
nuevamente una sensación sólo equiparable a la generada en ciertos
espacios de los medios de comunicación nacionales que sencillamente
quedaron estupefactos con el improvisado performance de un efusivo y
talentoso "negrito" salido del cuerpo de baile de Anita Vivas, quien
en aquel momento animaba las presentaciones de un programa de
televisión que transmitía el Canal 8, llamado Disco Fiebre. La joven
promesa bailaba, cantaba rap (o cotorra, como le decían por acá) y
contagiaba a los presentes con una energía que parecía salida de una
planta eléctrica. Su nombre: José Antonio Escobar, mejor conocido
como Tony Escobar o Tony Scott como se autobautizaría años más
tarde.
Durante aquella segunda jornada épica, fueron muchos los que
terminaron fascinados con esos voluminosos muebles de madera
(algunos forrados de alfombra, otros de plástico y hasta de
fórmica), decorados con las letras de unos extraños nombres en
inglés que no significaban nada y de cuyas cornetas salían las
pegaditas del momento.
Allí, confundido entre el efusivo público de El Poliedro estaba un
chamo del San Ignacio de Loyola que no dejaba escapar un solo
detalle. Tal fue la fascinación que le causó a Carlos Bóveda (o
Charly como le decían en su primer año de bachillerato) el festín
minitequero de ese día, que aquella tarde salió de La Rinconada con
un nombre rebotándole en la cabeza: Sandy Lane.
El mismo día, del otro lado del auditorio, en la tribuna de
enfrente, estaba un unido grupo del segundo año del colegio La
Salle, que además de compartir sus gustos musicales tenía una
peculiar afición por la astronomía que les había quedado tras sus
paseos al planetario Humboldt. A Jhonny (Cabrera) le centellaron los
ojos con el espectáculo, tanto, quizás, como la estrella más
brillante de la constelación de Orión: Betelgeuse.
Poder afro. "En 1979
el infierno se sintió bajo la cúpula de El Poliedro... Ahora, tú
también serás afectado por 40.000 watios de poder de sonido... Estás
entrando al territorio desconocido del Demonio... Paz a tus
restos...". Además de ingenuos, los tips de identificación que se
pusieron de moda entre "los minitecos" -como se decía a los dueños
de
MINITECAS- grabados por Jesús Leandro, Jofre Maestrachi, William
Lara o cualquier locutor del momento, también hacían posible la
tórrida competencia y la capciosa publicidad entre las primeras
minitecas de la imprevisible década de los 80, que ya estaba a la
vuelta de la esquina.
"Lo que más añoro es mi afro". Tony Escobar, actual gerente de audio
y tecnología de la emisora 92.9, todavía recuerda cómo fue que se
introdujo en el torrente de la fiesta musical que se avecinaba.
"Yo era exactamente lo que es un MC hoy en día, sólo que cantaba
guachi-guachi, y muchas veces tenía que vestirme formal". El número
de Escobar -exclusivo de la Sandy Lane- atrajo la atención del
público y de los dueños de otras
MINITECAS que rápidamente
incluyeron un show man dentro de sus paquetes.
"New York New York, otra de las que estaba empezando, se buscó al
discjockey Omar Gallegos -actual productor del disco y la canción
"Caracas de noche"- para que animara sus eventos, bajo el
rimbombante nombre artístico de Bobby Smith".
En 1981 las
MINITECAS se habían convertido en fenómeno juvenil
nacional. Toda persona entre los 12 y los 25 años de edad presumía
de tener, conocer o haber visto una miniteca. La larga lista de
opciones se hizo infinita: Lighting, The Drop, Fahrenheit, Infierno,
Excalibur, Dr Mix, Mad Ness, Raimbow, Magique, La Rocola, Dislike y
con ellas también creció desmesuradamente una inofensiva, pero
peliaguda "guerra fría de los equipos de sonido e iluminación
profesionales", en la que cada una intentaba armarse de la
estrategia técnica más atractiva para impresionar en piñatas y
bautizos, en bodas, parrandas y sobre todo en fiestas de inspiración
primaveral.
En ese momento ya estaba establecido lo que actualmente resulta
impensable. "Las
MINITECAS eran más importantes que los discjockeys
que colocaban la música, ellas eran el show, el artista", aclara
Escobar.
Cornetas por misiles.
Quizás, uno de los personajes que más promovió esa competencia
tecnológica entre las
MINITECAS fue Carlos Bóveda, que actualmente
es un reconocido odontólogo que, por cierto, ha desarrollado
infinidad de aportes técnicos en su especialidad. Nada es por
casualidad.
"Yo y la Sandy Lane nos convertimos en un dolor de cabeza para las
demás minitecas. En cada encuentro minitequero nos aparecíamos con
un invento diferente".
A su prolífica inventiva se le atribuye la creación de la famosa
Pared, un mueble vertical que se colocaba detrás del discplay, en
donde se empotraban todos los equipos que tuvieran luces, rodeados
por una extensa batería de bombillos. Asimismo, recuerda que Sandy
Lane fue la primera en emplear las anheladas cornetas toboganes para
mayor frecuencia de los bajos. "En las fiestas nos medían los
cajones de las cornetas cuando nos descuidábamos, tomaban nota de
cualquier cosa nueva que tuviéramos para robarnos la idea", dice
Bóveda todavía sorprendido del espionaje de los presuntos agentes
minitequeros.
Por su parte, Massimo Coletta, fundador en 1982 junto a Paolo
Caiazzo de la legendaria New York New York -luego
New York People por la apertura de una discoteca del mismo nombre en Concresa-
recuerda haber sido el primero en traer a Venezuela las novedosas
luces que convertían en discoteca cualquier salón de fiestas: "Eran
españolas y las compramos por catálogo. Nos trajimos la doble bola,
la doble gusano, las cocteleras, las arañas, los seguidores y la
estroboscópica". Más allá, la Betelgeuse introdujo la primera
máquina de humo en el mercado de la rumba nacional, elaborada
artesanalmente con un pipote, hielo seco y una aspiradora de casa.
"Aquí no había conocimiento, de ningún tipo, sobre equipos de audio
profesionales, trabajábamos con base en el ensayo y error", dice
Coletta al respecto de la "gran cantidad de equipos que quemamos,
cables que se incendiaron y apagones de edificios completos que
tuvimos que afrontar en mitad de las fiestas". No obstante, para el
año 83, las deficiencias técnicas estaban superadas y los eventos
que celebraban con la magnificencia espectacular de las
MINITECAS
proliferaban por toda la ciudad: los clubes familiares, la concha
acústica de Bello Monte, el salón Regency, los principales hoteles
de Caracas, el Círculo Militar, las plazas: cualquier espacio servía
para armar la fiesta.
El recordado festival del 84, en el Poliedro de Caracas, ofrecía un
heterogéneo cartel, en donde se combinaba la actuación de las
bandas: PP´S, Metrópolis e Hydra junto a "las mejores minitecas del
momento: New York New York, Betelgeuse
y Sandy Lane. Asimismo, la
sobresaliente actuación de las
MINITECAS en el festival de
breakdance del mismo año, que se llevó a cabo en el estadio Brígido
Iriarte, arrojó muy buenas críticas sobre los jóvenes dueños de
aquellas infraestructuras itinerantes de sonido. Definitivamente, el
mercado se amplió y lo que inicialmente se había concebido como el
hobbie de moda entre algunos grupos de amigos se convirtió en un
próspero negocio con abultadas nóminas de empleados, contratos
exclusivos, complicados itinerarios de 20 fiestas mensuales y flotas
de camiones y trailers que desfilaban cada fin de semana por el área
metropolitana. Igualmente, se amplió el radio de actuación de las
MINITECAS al incluirse sets de salsa, merengue, paso doble y otras
solicitudes en rock y new wawe, para ciertas fiestas "diferentes"
del Este de Caracas.
"Los verdaderos enemigos eran las grandes orquestas. Recuerdo que
la
Billo´s y Los Melódicos nos odiaban porque a medida que crecían las
minitecas ellos se iban quedando sin contratos", apunta José Antonio
Escobar de lo que fue una verdadera epidemia nacional: "Ni siquiera
eran los grupos de rock, de hecho Pablo Dagnino (de Death Feeling)
también mataba tigres con su
MINITECAS Speed". Escobar recuerda
igualmente que el Moncho Brujo -portero predilecto de la época y
padre del cantante Colina- nunca permitía que nada les sucediera a
"los chamos de la
MINITECAS".
El imperio. Sin duda alguna, la dedicación técnica y humana arrojó
sus resultados. A mediados de los 80, con contratos que no superaban
la cifra de 5.000 bolívares por seis horas continuas de música, los
chicos que antes eran la piedra en el zapato de sus padres, se
convirtieron en prometedores empresarios.
"A los 20 años teníamos una independencia económica absoluta. Ibamos
a Nueva York dos veces al mes para buscar discos. Compramos una
lancha para ir a la playa, dos carros último modelo, cinco motos,
una camioneta y cualquier cosa que se nos antojara", dice Coletta
quien logró que su miniteca New York New York consiguiera un
contrato de exclusividad en el Hotel Tamanaco, que se extendió hasta
el año 91, y que le permitió también concretar varios espectáculos
fuera del país, al igual que la inclusión de su discplay en unos
cuantos cruceros que recorrieron el Caribe y las costas venezolanas.
"La miniteca llegó hasta Suráfrica", señala todavía orgulloso el
único entrevistado para este reportaje que todavía conserva la
propiedad de su miniteca
New York People, más por una razón afectiva
que económica, ya que en realidad está dedicado al negocio de la
construcción desde hace varios años.
"La última gran guerra de
miniteca se hizo en el año 85 y fue
organizada por la emisora Caracas 750. En esa oportunidad, los
dueños del Poliedro finalmente dieron el permiso para lanzarme en
rapel desde la parrillera de luces del techo, con un traje de la
fuerza aérea que me prestaron". Definitivamente, el show de Tony
Scott de aquella vez marcó el sentir de un momento histórico en el
que la exaltación técnica y la grandilocuencia eran lo más
importante. No obstante, la fiebre minitequera se extendió por unos
cuantos años más, pero apuntando ahora al mercado de los grandes
eventos multitudinarios.
La miniteca Sandy Lane, con sus 3 equipos y su increíble despliegue
luminotécnico, había sido vendida -por cansancio y compromisos
universitarios de sus dueños Carlos Bóveda y José Antonio Maldonado-
en 1984, por 2 millones de bolívares al astuto dueño de Betelgeuse,
quien para ese entonces ya tenía un plan millonario metido entre
ceja y ceja.
De miniteco a magnate
del espectáculo. Johnny Cabrera, hoy en día presidente de la
renombrada productora de eventos Water Brothers de Venezuela,
recuerda cómo llegó a agrupar el monopolio minitequero del país: "Al
final, tenía 11 equipos en total: 3 Betelgeuse, 3 Sandy Lane, 2 The
Drop, 2 Empire y una microteca".
Con la hipercomercialización, el fenómeno dejó de ser novedad para
convertirse en una industria establecida que ya no asombraba a
nadie. La última "guerra" había arrojado una serie de hechos
violentos entre las pandillas de Santa Mónica y la Hermandad
Gallega, la amenaza latente que persistía por la presencia de las
patotas caraqueñas de Gladiadores, Centuriones y Anticristos ponía
en riesgo la realización de cualquier espectáculo juvenil mientras
la magia del sonido y la iluminación profesional se iba esfumando
lentamente, para dar paso a un nuevo tipo de entretenimiento: el
show business. Lo demás es historia reciente.
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